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Coque Malla Basado en una historia absolutamente real… Siendo...

Coque Malla Basado en una historia absolutamente real…

Siendo yo un niño, acompañé a mis padres a un viaje de trabajo. En unos pocos meses estrenaban uno de sus grandes montajes teatrales: De San Pascual a San Gil, una obra histórica, con la reina Isabel II como ilustre protagonista. Amparo Valle, mi madre, interpretaría a la reina y Gerardo Malla, mi padre, dirigiría el espectáculo. 
Había que elegir muy bien el teatro para tan importante ocasión, y después de descartar unos cuantos, encontraron por fin el idóneo. Programaron la visita para un sábado.
Cogimos el coche, atravesamos la ciudad, y después de un breve viaje por el campo, llegamos a la localidad, muy cercana a Madrid, donde se encontraba el pequeño y precioso teatro en el que se habían citado con el gerente que estaba al cargo. Nos recibió amable y se dispuso a guiar a mis padres por las instalaciones, mientras yo, como cualquier niño de mi edad habría hecho, me dediqué a escabullirme por los pasillos, las butacas y los infinitos recovecos que ofrecía aquel increíble y majestuoso espacio.
En mi imaginación, se convirtió en un lugar lleno de peligros y posibles aventuras, así que cuando un grupo de turistas que lo visitaban inocentemente se interpuso por casualidad en mi camino, mi cabecita soñadora los convirtió en seguida en una recua de bandidos que querían asaltarme armados con espadas. Como si subiese por las escaleras de madera de un viejo buque, corrí al primer piso huyendo del enemigo. Pero resultó que el enemigo (los inocentes turistas), estaba interesado en visitar también el anfiteatro, y sin saber siquiera de mi existencia, subieron detrás de mí. Todavía jugando, subí al siguiente piso convencido de que esta vez me libraría de ellos. Pero no fue así. Aquella gente también quería visitar el segundo anfiteatro, y entre comentarios de admiración acerca de lo que el guía les iba mostrando y explicando sobre la historia y la arquitectura del edificio, subieron también. Empezaba a asustarme. Aquello ya no era un juego. Yo estaba muy lejos de mis padres y esa gente no sabía que yo estaba allí. Podían perfectamente tomarme por un ladronzuelo y hacerme pasar un mal rato. Subí al siguiente piso. Ellos subieron detrás. Ahora ya no había escapatoria y yo estaba totalmente solo y asustado de verdad. Una puerta rota y desvencijada me ofrecía la única salida posible. No lo dudé: la crucé aterrorizado sin saber muy bien lo que estaba haciendo. Lo que encontré al otro lado de aquella puerta era tan fascinante como amenazador y estoy seguro de que la fuerte impresión que me produjo, selló para siempre mi destino como hombre del espectáculo: un enorme espacio, viejo y desgastado, lleno de enormes cuerdas, vigas de madera, sacos, artilugios diversos y aparatos de tramoya me rodeaba haciéndome sentir diminuto e insignificante. Las tripas del teatro, el corazón de la mentira: el torreón de tramoya. 
El ruido de pasos me devolvió a la realidad. No lo podía creer, el grupo de turistas había subido hasta allí, y por una rendija, vi como el guía les señalaba la puerta por la que yo acababa de entrar. ¡Claro! ¡si había un lugar interesante en todo el teatro para visitar, era ese! Ahora sí que estaba en un buen lío: si me encontraban allí escondido me tomarían por alguien realmente extraño y peligroso y actuarían en consecuencia. Avancé en la oscuridad siguiendo una tenue y amarillenta luz que parecía venir de las profundidades iluminando el techo de la sala de telones, hasta que me encontré al borde de un abismo. Al fondo, tres pisos más abajo, el escenario vacío. Delante mío, el único camino para escapar: el peine del teatro. El peine del teatro es un gran grupo de varas de madera, dispuestas en horizontal unas al lado de otras y que atraviesa el cielo del escenario. De él se cuelgan los focos y telones que iluminan y decoran los distintos espectáculos.  En este caso, se trataba de un peine del Siglo XVIII perfectamente conservado, incluso restaurado, pero lleno de carcoma y totalmente inservible para su uso presente. Pisar sobre él suponía precipitase al vacío, seguro. Pero eso yo no lo sabía. Así que ahí estaba, acorralado y diciéndome a mí mismo: “atrévete, atrévete, camina por el peine, es la única salida”.  Os juro que estuve a punto, y creo incluso que llegué a tantear con el pie una de las varas. El resultado hubiese sido trágico: un tremendo chasquido de la madera al romperse, seguido de un grito desgarrador, interrumpido bruscamente por el golpe seco de mi cuerpo contra el suelo. Y yo, en mi primera (y última) gran actuación, muerto y con un charco de sangre manando de mi cabeza tiñendo de rojo el escenario. 
Los turistas y su acompañante habían abierto la puerta y estaban dentro del torreón. Sólo la oscuridad les impedía verme; o atravesaba el peine, o estaba perdido. 
Iba a hacerlo…
Y entonces vino la luz. Un rayo de cordura atravesó mi mente infantil y aventurera, intuí que aquello no era una buena idea y retrocedí. De no haberlo hecho, habría muerto. Seguro.
Me escondí como pude en uno de los diminutos rincones de aquel gran desván y recé para que no me viesen. Pero seguían acercándose y acercándose… ¡claro! ¡querían ver el peine del siglo XVIII!
No pude más. Me derrumbé, empecé a gritar y salí corriendo. Pasé justo al lado de ellos, me escabullí por la pequeña puerta por la que habíamos entrado y corrí escaleras abajo llamando desesperado a mis padres. El guía que acompañaba a los turistas salió corriendo detrás de mí, pensando -tal y como yo había sospechado- que perseguía a un ladrón -o algo peor- que había subido hasta allí con oscuras intenciones. Yo escuchaba a mi espalda sus pasos y sus gruñidos acercándose cada vez más. Los ojos se me salían de las órbitas del pánico. 
Conseguí llegar al piso de abajo donde mi padre y mi madre -pálidos del susto, porque habían escuchado mis gritos desde abajo- terminaban su visita al teatro.  
Me abalancé sobre ellos, me abracé a sus piernas y rompí a llorar desconsoladamente. El pobre guía llegó unos segundos después con la lengua fuera y sin entender nada: hace apenas unos instantes, pensaba que yo era un peligroso delincuente que había entrado a desvalijar el teatro, y ahora veía a un niño de ocho años abrazado a unos señores y llorando como una madalena. 
El gerente balbuceaba: pero… eh… Juan Carlos… ¿qué… qué ha pasado?  
A lo que siguió una situación absurda en la que nadie entendía ni explicaba nada; el único que sabía lo que realmente había ocurrido era yo, pero no podía hablar porque estaba llorando, y al guía turístico, que algo podía contar, le llegaba la lengua al suelo y sólo podía decir: a…gua…arff, arff… gua… a…
Cuando se calmaron los ánimos todo quedó aclarado y el guía  -cargado de culpa por el mal trago que sin querer me había hecho pasar- me compró un helado para que se me quitase el susto del cuerpo, no sin antes murmurar con los dientes bien apretados: qué mono el niño…
Volvimos a Madrid y yo dormí plácidamente en el coche camino a casa.
La obra se estrenó y yo pasé los siguientes meses yendo todos los fines de semana a ver la función, a convivir con mis padres y sus compañeros de la compañía, en San Lorenzo de El Escorial, donde fui enormemente feliz. 
Cada día recorría varias veces todos y cada uno de los rincones del Real Coliseo Carlos III, y el teatro se convirtió en una segunda casa para mí. ¡Ah! Y el guía y el gerente me terminaron queriendo como a un hijo.

Os espero a todos este domingo en el Carlos III para cerrar el círculo, con un concierto lleno de un hermoso significado, en un lugar lleno de maravillosos recuerdos.
Prometo no subir al torreón de tramoya.
Coque Malla.

COQUE MALLA EN CONCIERTO.
SAN LORENZO DE EL ESCORIAL.
REAL COLISEO CARLOS III
23 de abril - 17.30
Últimas entradas en: www.entradas.com
Artista invitada: Patricia Lázaro
21/04/2017 - 11:34
Basado en una historia absolutamente real… Siendo yo un niño, acompañé a mis padres a un viaje de trabajo. En unos pocos meses estrenaban uno de sus grandes montajes teatrales: De San Pascual a San Gil, una obra histórica, con la reina Isabel II como ilustre protagonista. Amparo Valle, mi madre, interpretaría a la reina y Gerardo Malla, mi padre, dirigiría el espectáculo. Había que elegir muy bien el teatro para tan importante ocasión, y después de descartar unos cuantos, encontraron por fin el idóneo. Programaron la visita para un sábado. Cogimos el coche, atravesamos la ciudad, y después de un breve viaje por el campo, llegamos a la localidad, muy cercana a Madrid, donde se encontraba el pequeño y precioso teatro en el que se habían citado con el gerente que estaba al cargo. Nos recibió amable y se dispuso a guiar a mis padres por las instalaciones, mientras yo, como cualquier niño de mi edad habría hecho, me dediqué a escabullirme por los pasillos, las butacas y los infinitos recovecos que ofrecía aquel increíble y majestuoso espacio. En mi imaginación, se convirtió en un lugar lleno de peligros y posibles aventuras, así que cuando un grupo de turistas que lo visitaban inocentemente se interpuso por casualidad en mi camino, mi cabecita soñadora los convirtió en seguida en una recua de bandidos que querían asaltarme armados con espadas. Como si subiese por las escaleras de madera de un viejo buque, corrí al primer piso huyendo del enemigo. Pero resultó que el enemigo (los inocentes turistas), estaba interesado en visitar también el anfiteatro, y sin saber siquiera de mi existencia, subieron detrás de mí. Todavía jugando, subí al siguiente piso convencido de que esta vez me libraría de ellos. Pero no fue así. Aquella gente también quería visitar el segundo anfiteatro, y entre comentarios de admiración acerca de lo que el guía les iba mostrando y explicando sobre la historia y la arquitectura del edificio, subieron también. Empezaba a asustarme. Aquello ya no era un juego. Yo estaba muy lejos de mis padres y esa gente no sabía que yo estaba allí. Podían perfectamente tomarme por un ladronzuelo y hacerme pasar un mal rato. Subí al siguiente piso. Ellos subieron detrás. Ahora ya no había escapatoria y yo estaba totalmente solo y asustado de verdad. Una puerta rota y desvencijada me ofrecía la única salida posible. No lo dudé: la crucé aterrorizado sin saber muy bien lo que estaba haciendo. Lo que encontré al otro lado de aquella puerta era tan fascinante como amenazador y estoy seguro de que la fuerte impresión que me produjo, selló para siempre mi destino como hombre del espectáculo: un enorme espacio, viejo y desgastado, lleno de enormes cuerdas, vigas de madera, sacos, artilugios diversos y aparatos de tramoya me rodeaba haciéndome sentir diminuto e insignificante. Las tripas del teatro, el corazón de la mentira: el torreón de tramoya. El ruido de pasos me devolvió a la realidad. No lo podía creer, el grupo de turistas había subido hasta allí, y por una rendija, vi como el guía les señalaba la puerta por la que yo acababa de entrar. ¡Claro! ¡si había un lugar interesante en todo el teatro para visitar, era ese! Ahora sí que estaba en un buen lío: si me encontraban allí escondido me tomarían por alguien realmente extraño y peligroso y actuarían en consecuencia. Avancé en la oscuridad siguiendo una tenue y amarillenta luz que parecía venir de las profundidades iluminando el techo de la sala de telones, hasta que me encontré al borde de un abismo. Al fondo, tres pisos más abajo, el escenario vacío. Delante mío, el único camino para escapar: el peine del teatro. El peine del teatro es un gran grupo de varas de madera, dispuestas en horizontal unas al lado de otras y que atraviesa el cielo del escenario. De él se cuelgan los focos y telones que iluminan y decoran los distintos espectáculos. En este caso, se trataba de un peine del Siglo XVIII perfectamente conservado, incluso restaurado, pero lleno de carcoma y totalmente inservible para su uso presente. Pisar sobre él suponía precipitase al vacío, seguro. Pero eso yo no lo sabía. Así que ahí estaba, acorralado y diciéndome a mí mismo: “atrévete, atrévete, camina por el peine, es la única salida”. Os juro que estuve a punto, y creo incluso que llegué a tantear con el pie una de las varas. El resultado hubiese sido trágico: un tremendo chasquido de la madera al romperse, seguido de un grito desgarrador, interrumpido bruscamente por el golpe seco de mi cuerpo contra el suelo. Y yo, en mi primera (y última) gran actuación, muerto y con un charco de sangre manando de mi cabeza tiñendo de rojo el escenario. Los turistas y su acompañante habían abierto la puerta y estaban dentro del torreón. Sólo la oscuridad les impedía verme; o atravesaba el peine, o estaba perdido. Iba a hacerlo… Y entonces vino la luz. Un rayo de cordura atravesó mi mente infantil y aventurera, intuí que aquello no era una buena idea y retrocedí. De no haberlo hecho, habría muerto. Seguro. Me escondí como pude en uno de los diminutos rincones de aquel gran desván y recé para que no me viesen. Pero seguían acercándose y acercándose… ¡claro! ¡querían ver el peine del siglo XVIII! No pude más. Me derrumbé, empecé a gritar y salí corriendo. Pasé justo al lado de ellos, me escabullí por la pequeña puerta por la que habíamos entrado y corrí escaleras abajo llamando desesperado a mis padres. El guía que acompañaba a los turistas salió corriendo detrás de mí, pensando -tal y como yo había sospechado- que perseguía a un ladrón -o algo peor- que había subido hasta allí con oscuras intenciones. Yo escuchaba a mi espalda sus pasos y sus gruñidos acercándose cada vez más. Los ojos se me salían de las órbitas del pánico. Conseguí llegar al piso de abajo donde mi padre y mi madre -pálidos del susto, porque habían escuchado mis gritos desde abajo- terminaban su visita al teatro. Me abalancé sobre ellos, me abracé a sus piernas y rompí a llorar desconsoladamente. El pobre guía llegó unos segundos después con la lengua fuera y sin entender nada: hace apenas unos instantes, pensaba que yo era un peligroso delincuente que había entrado a desvalijar el teatro, y ahora veía a un niño de ocho años abrazado a unos señores y llorando como una madalena. El gerente balbuceaba: pero… eh… Juan Carlos… ¿qué… qué ha pasado? A lo que siguió una situación absurda en la que nadie entendía ni explicaba nada; el único que sabía lo que realmente había ocurrido era yo, pero no podía hablar porque estaba llorando, y al guía turístico, que algo podía contar, le llegaba la lengua al suelo y sólo podía decir: a…gua…arff, arff… gua… a… Cuando se calmaron los ánimos todo quedó aclarado y el guía -cargado de culpa por el mal trago que sin querer me había hecho pasar- me compró un helado para que se me quitase el susto del cuerpo, no sin antes murmurar con los dientes bien apretados: qué mono el niño… Volvimos a Madrid y yo dormí plácidamente en el coche camino a casa. La obra se estrenó y yo pasé los siguientes meses yendo todos los fines de semana a ver la función, a convivir con mis padres y sus compañeros de la compañía, en San Lorenzo de El Escorial, donde fui enormemente feliz. Cada día recorría varias veces todos y cada uno de los rincones del Real Coliseo Carlos III, y el teatro se convirtió en una segunda casa para mí. ¡Ah! Y el guía y el gerente me terminaron queriendo como a un hijo. Os espero a todos este domingo en el Carlos III para cerrar el círculo, con un concierto lleno de un hermoso significado, en un lugar lleno de maravillosos recuerdos. Prometo no subir al torreón de tramoya. Coque Malla. COQUE MALLA EN CONCIERTO. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL. REAL COLISEO CARLOS III 23 de abril - 17.30 Últimas entradas en: www.entradas.com Artista invitada: Patricia Lázaro
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Coque Malla

Coque Malla Buenos Aires ya casi salgo para allá! 
Qué mono de Palermo tengo!
Dónde me van a llevar?

COQUE MALLA EN BUENOS AIRES
Niceto Club lado B.
20h.
Buenos Aires ya casi salgo para allá! Qué mono de Palermo tengo! Dónde me van a llevar? COQUE MALLA EN BUENOS AIRES Niceto Club lado B. 20h.
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Coque Malla

Coque Malla Gracias por lo de ayer Soria. 
No estamos acostumbrados a tocar tan tarde y fue fantástico! 
Vamos acercándonos al final...

Foto: Sara Roncal
Gracias por lo de ayer Soria. No estamos acostumbrados a tocar tan tarde y fue fantástico! Vamos acercándonos al final... Foto: Sara Roncal
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Coque Malla

Coque Malla Ya lo recomendé en su día pero lo vuelvo a hacer porque cada vez que lo escucho alucino más...
Qué jodidamente bueno es esto.
Grande Luis.
Ya lo recomendé en su día pero lo vuelvo a hacer porque cada vez que lo escucho alucino más... Qué jodidamente bueno es esto. Grande Luis.
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Coque Malla

Coque Malla Estoy convencido (y lo digo de corazón, tras una reflexión dolorosa y después de sentir el espanto de lo que ocurrió ayer), estoy convencido digo, que estos ataques consiguen exactamente lo contrario de lo que supuestamente pretenden; cada vez estoy más convencido de que después de algo así se desata una ola increíble de solidaridad y hermandad entre los que lo sufrimos. Lo primero que sentí ayer no fue miedo si no cariño y cercanía con esa ciudad a la que amo tanto y en la que tantos compañeros y gente querida vive. Sentí ganas de ayudar, de animar y de dar todo el cariño posible. Estoy seguro de que a todos nos ha pasado algo muy parecido y ese tipo de sentimientos nos hace fuertes porque nos hace crecer y madurar.
Viva la libertad y la alegría de vivir.
Adelante Barna.
Estoy convencido (y lo digo de corazón, tras una reflexión dolorosa y después de sentir el espanto de lo que ocurrió ayer), estoy convencido digo, que estos ataques consiguen exactamente lo contrario de lo que supuestamente pretenden; cada vez estoy más convencido de que después de algo así se desata una ola increíble de solidaridad y hermandad entre los que lo sufrimos. Lo primero que sentí ayer no fue miedo si no cariño y cercanía con esa ciudad a la que amo tanto y en la que tantos compañeros y gente querida vive. Sentí ganas de ayudar, de animar y de dar todo el cariño posible. Estoy seguro de que a todos nos ha pasado algo muy parecido y ese tipo de sentimientos nos hace fuertes porque nos hace crecer y madurar. Viva la libertad y la alegría de vivir. Adelante Barna.
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Coque Malla

Coque Malla Querido Buenos Aires! Me da mucha curiosidad saber qué conocéis de mí y de mi música. Escribidme aquí si vais a ir al concierto, qué canciones os apetece oír... lo que se os ocurra!
Nos vemos dentro de muy poquito!
Querido Buenos Aires! Me da mucha curiosidad saber qué conocéis de mí y de mi música. Escribidme aquí si vais a ir al concierto, qué canciones os apetece oír... lo que se os ocurra! Nos vemos dentro de muy poquito!
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Coque Malla

Coque Malla Una muesca más en el revolver. Gracias por lo que nos disteis desde ahí abajo. Gracias Anni B Sweet por ser tan grande. Y gracias al Sonorama Ribera por dejarnos formar parte de su aniversario, nos sentimos parte de algo grande. Hasta pronto!

Impresionante foto de mi compadre, el gran  Juan Perez-Fajardo
Una muesca más en el revolver. Gracias por lo que nos disteis desde ahí abajo. Gracias Anni B Sweet por ser tan grande. Y gracias al Sonorama Ribera por dejarnos formar parte de su aniversario, nos sentimos parte de algo grande. Hasta pronto! Impresionante foto de mi compadre, el gran Juan Perez-Fajardo
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Coque Malla

Coque Malla Llevas años enredada en mis manos, en mi pelo, en mi cabeza....
Y no puedo más. 

Nos vemos mañana en el escenario 2 del Sonorama Ribera a las 21.15 
Sin duda uno de los conciertos clave de este año y medio de gira maravillosa.
Hasta mañana!
Llevas años enredada en mis manos, en mi pelo, en mi cabeza.... Y no puedo más. Nos vemos mañana en el escenario 2 del Sonorama Ribera a las 21.15 Sin duda uno de los conciertos clave de este año y medio de gira maravillosa. Hasta mañana!
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Coque Malla

Coque Malla Próxima parada...
Sonorama Ribera
Tocamos el viernes y creo que es a las 21.15 en el escenario 2 pero os lo confirmo seguro en los próximos días. 
Atentos porque habrá una sorpresa muy, muy especial...
Próxima parada... Sonorama Ribera Tocamos el viernes y creo que es a las 21.15 en el escenario 2 pero os lo confirmo seguro en los próximos días. Atentos porque habrá una sorpresa muy, muy especial...
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Coque Malla

Coque Malla Si todavía rondaras por aquí
Te cogería
Te sacudiría por las rodillas
Te soplaría aire caliente en ambas orejas

Tú, que podías escribir como una Pantera
Todo lo que se te metiera en las venas
Qué clase de verde sangre
Te arrastró a tu destino

Si todavía rondaras por aquí
Te desgarraría hasta meterme en tu miedo
Te lo arrancaría

Para que colgara como un pellejo
Como jirones de miedo

Te daría la vuelta
Te pondría de cara al viento
Doblaría tu espalda sobre mi rodilla
Masticaría tu nuca
Hasta que abrieras tu boca a esta vida

SAM SHEPARD

Este era un poeta.
Un auténtico poeta.
No quiero que se muera nadie, pero si tengo que elegir, y ya que todos moriremos, que se mueran los falsos poetas antes que los auténticos poetas.
O por lo menos que no den el coñazo y nos intoxiquen con sus poemitas infantiles y mediocres.

Perdonad la mala hostia a estas horas de la noche pero se me había olvidado lo de Sam Shepard y al recordarlo me he puesto de mal humor. Mañana se me pasa.
Buenas noches a todos.

Descansa en paz Sam Shepard
Si todavía rondaras por aquí Te cogería Te sacudiría por las rodillas Te soplaría aire caliente en ambas orejas Tú, que podías escribir como una Pantera Todo lo que se te metiera en las venas Qué clase de verde sangre Te arrastró a tu destino Si todavía rondaras por aquí Te desgarraría hasta meterme en tu miedo Te lo arrancaría Para que colgara como un pellejo Como jirones de miedo Te daría la vuelta Te pondría de cara al viento Doblaría tu espalda sobre mi rodilla Masticaría tu nuca Hasta que abrieras tu boca a esta vida SAM SHEPARD Este era un poeta. Un auténtico poeta. No quiero que se muera nadie, pero si tengo que elegir, y ya que todos moriremos, que se mueran los falsos poetas antes que los auténticos poetas. O por lo menos que no den el coñazo y nos intoxiquen con sus poemitas infantiles y mediocres. Perdonad la mala hostia a estas horas de la noche pero se me había olvidado lo de Sam Shepard y al recordarlo me he puesto de mal humor. Mañana se me pasa. Buenas noches a todos. Descansa en paz Sam Shepard
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Coque Malla Entre unas cosas y otras no me ha dado tiempo ha daros las gracias por el precioso concierto en el Náutico. Gracias de verdad, entrasteis al trapo del repertorio diferente con respeto y sentido del humor. 
Y que mejor final que esta foto con estos dos grandes! Pepe Solla y Diego Guerrero Chef
Nos vemos el año que viene!
Entre unas cosas y otras no me ha dado tiempo ha daros las gracias por el precioso concierto en el Náutico. Gracias de verdad, entrasteis al trapo del repertorio diferente con respeto y sentido del humor. Y que mejor final que esta foto con estos dos grandes! Pepe Solla y Diego Guerrero Chef Nos vemos el año que viene!
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Coque Malla

Coque Malla Habéis vuelto a agotar las entradas de Ticketea para el concierto del Náutico este jueves a las 20.00H
Ya sólo quedan entradas en el propio Náutico, informaos allí. 
Gracias a todos!
Habéis vuelto a agotar las entradas de Ticketea para el concierto del Náutico este jueves a las 20.00H Ya sólo quedan entradas en el propio Náutico, informaos allí. Gracias a todos!
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Coque Malla

Coque Malla La mayor estrella del rock de todos los tiempos.
Feliz cumpleaños Mick!
La mayor estrella del rock de todos los tiempos. Feliz cumpleaños Mick!
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Coque Malla

Coque Malla Por vuestros comentarios pensamos que quizás nos habéis entendido mal...
Para El Náutico de San Vicente do Mar están agotadas las entradas que se venden en Ticketea pero QUEDAN UNAS CUANTAS en el propio Náutico. Podéis llamar o pasar por allí desde ya mismo. Daos prisa porque lo que sí es cierto, es que nunca se habían agotado tan deprisa las de Ticketea.
Gracias a todos!
Por vuestros comentarios pensamos que quizás nos habéis entendido mal... Para El Náutico de San Vicente do Mar están agotadas las entradas que se venden en Ticketea pero QUEDAN UNAS CUANTAS en el propio Náutico. Podéis llamar o pasar por allí desde ya mismo. Daos prisa porque lo que sí es cierto, es que nunca se habían agotado tan deprisa las de Ticketea. Gracias a todos!
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Coque Malla Se agotaron  las entradas de Ticketea para El Náutico. Preguntad en la sala por las que quedan...
Gracias a todos!
Se agotaron las entradas de Ticketea para El Náutico. Preguntad en la sala por las que quedan... Gracias a todos!
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Coque Malla

Coque Malla Reencuentro maravilloso con Rubén Blades en casa de Leonor Watling y Jorge Drexler
acompañados por DEPEDRO
Una de esas noches que no olvidaremos nunca por más tiempo que vivamos
Reencuentro maravilloso con Rubén Blades en casa de Leonor Watling y Jorge Drexler acompañados por DEPEDRO Una de esas noches que no olvidaremos nunca por más tiempo que vivamos
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Coque Malla

Coque Malla Qué concierto más maravilloso Cádiz. Gracias por la energía que nos devolvisteis. Gracias DEPEDRO por llevar Todo el mundo arde y Hace tiempo a un sitio increíble, un honor caballero.
Nos vemos pronto!
Qué concierto más maravilloso Cádiz. Gracias por la energía que nos devolvisteis. Gracias DEPEDRO por llevar Todo el mundo arde y Hace tiempo a un sitio increíble, un honor caballero. Nos vemos pronto!
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Coque Malla No os lo perdáis, amigos de Toledo. Es uno de los últimos genios vivos del pop de todos los tiempos.
En serio.
No os lo perdáis, amigos de Toledo. Es uno de los últimos genios vivos del pop de todos los tiempos. En serio.
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Coque Malla

Coque Malla Uffff!!! Qué subidón!  Esta peña está bien otra vez.
Palante!
Uffff!!! Qué subidón! Esta peña está bien otra vez. Palante!
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Coque Malla

Coque Malla Esta noche a las 21.30 en Las Noches del Botánico, estaremos cantando Pablo Pueblo con el maestro Rubén Blades
Un honor para dos fans irredentos como somos Jorge Drexler y un servidor.
Nos vemos esta noche, madrileños!
Esta noche a las 21.30 en Las Noches del Botánico, estaremos cantando Pablo Pueblo con el maestro Rubén Blades Un honor para dos fans irredentos como somos Jorge Drexler y un servidor. Nos vemos esta noche, madrileños!
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Coque Malla

Coque Malla ¡¡CÁDIZ!! 
Nos vemos en unos días!
Estaremos en el escenario BRUGAL a las 21.00 horas. 
No os lo perdáis, tenemos 2 sorpresas maravillosas!
¡¡CÁDIZ!! Nos vemos en unos días! Estaremos en el escenario BRUGAL a las 21.00 horas. No os lo perdáis, tenemos 2 sorpresas maravillosas!
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Coque Malla

Coque Malla Me llegó ayer! Gracias Arancha Moreno.
Estoy descansando en Asturias, me lo leo aquí.
Me llegó ayer! Gracias Arancha Moreno. Estoy descansando en Asturias, me lo leo aquí.